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Caminando en las “Tacas” de una descalza

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Caminando en las “Tacas” de una descalza

jueves 12 de mayo de 2016
Hormigueros, Puerto Rico

“A veces me trepo en mis tacas
cuatro mil pies por encima de la angustia
y me río…”

Cuando una mujer se monta en sus tacas, no es solamente un acto de vanidad. En estos días en los que hemos escogido ser y existir, el acto de subirnos a las tacas es uno de rebelión y lucha, una voz unitaria que nos define “fuerza y poder”. Las tacas de esta mujer, Ángela María Valentín, son sin lugar a duda alguna más mágicas que 12795504_10156631869330436_6652102403572621279_nlas zapatillas de Dorothy, más influyentes que los zapatos de cristal de la Cenicienta y más valiosas que cualquier zapato de diseñador, incluyendo mi debilidad: Manolo Blahnik. Las tacas de Angela son un grito femenino dirigido a la búsqueda intrínseca de paz, poder, solidaridad, aceptación, identidad y amor en todas sus voces. Es el ansia reconciliatoria con ella y todo lo que conforma su espacio vital y su pristina otredad.

Mientras me sumergía en las aguas de la poeta, me era imposible no identificarme con sus entrelíneas y sombras. Como cuando vas a una tienda de zapatos y sientes que esos que son “hechos a tu medida, aún cuando sabes que son un acto de sadomasoquismo, pero los quieres tuyos”, adentrarme en sus pasadizos concéntricos, a veces dolorosos y otras veces mucho más liberadores, era querer hundirme por entera en esa lucha existencial reivindicativa de Angela. Ese viaje por sus vacíos y sus nadas, era llenarme de su (uni)verso, sus cielos y sus infiernos. No me sentí sola al leerla, sentí, como dice Alejandro Filio: “seremos soledades y cuentos compartidos”.

No había encontrado una ausencia tan hermosa, desde la ausencia de Julia y Storni. Una ausencia que habla en susurros y casi enamora, con dolor, pero enamora. Una incongruencia total, es cierto, pero es que las vidas de las mujeres tea son un cambas colorido de incongruencias. Ese vacío hermoso y doloroso que sumerge dentro de su nada habitada por palabras con mirada y alma.

“Cargo un hueco
justo entre mis senos
un hoyo, infinito
en el cual se han prendido miles de pajaritos
estrellas que se han desvanecido
y que ahora son sólo tinieblas…”

Encontrarme frente a ese espejo paradójico de la poeta, fue sentirme en paz con mi desnudez. Aún cuando para muchos sentirse vulnerable es casi peligroso, identificar mis miedos en los temores de Ángela fue encontrar una ventana azul en 13233321_10156939874005436_2005253014_nmedio de las paredes grises. En momentos pensé que Pizarnik era quien me hablaba a través de las líneas de Ángela María. Ese pavor casi obsceno y obsesivo al no tener el conocimiento pleno, a la pérdida de la palabra que nos hace voz en el poema y la lucha constante y progresiva en contra de los egos y los intelectualoides y los poetas sádicos, embusteros y dictadores de las normas universales que nos dividen y nos cosifican por medio de etiquetas superfluas y obtusas. Ya no teníamos unas tacas que gustan, ahora llevábamos unas botas de lucha, de guerrilla y consigna, botas unificadoras de esas voces que quieren un cambio real en esta absurda realidad de agendas ocultas y panismo infraestructurado. Unas botas que enfrentan y confrontan, a la vez que levantan cimientos en honestidad.

La poeta reciente esta realidad antes mencionada, ya no tanto con dolor y angustia, sino con rabia y decepción, reniega ser poeta, no quiere ser parte de este gremio que ha osado traicionar los orígenes de la poesía. La poeta ha llegado hasta la sospecha, hasta la desconfianza total en sus “pares” (los poetas), no cree en ellos.

“Nunca he dicho que soy poeta
Sólo observo…

Observo y lloro
un llanto que cuelga de las pestañas
sobrecogida por el terror de lo que presencio
y la indignación de un verbo…”
“…palabras, palabras y palabras
que consumen sin cuestionar
para agradar
al gran escriba y sumo sacerdote
Poeta dictador
que en una falacia libertaria
ha dicho que tú
acólito aprendiz
manejas la Palabra
si es sólo desde los signos
de la identidad cohabitada
Poeta sádico embustero
que en una lúdica y polisémica jugada de ficha
te ha hecho creer
que el mundo se configura
(DI) VERSO…”

Leer “Tacas” es como montarse en una montaña rusa de sentires y emociones. Es un desequilibrio balanceado en un vórtice infinito. Subimos hasta la cúspide de la topuklu-ayakkabi-modasimontaña, poco a poco, casi nos hacemos parte de la resistencia de la fricción del carro al subir, la asfixia y la fatiga. Entonces allá arriba, por unos segundos respiramos y observamos, para luego dejarnos caer en caída libre al un infinito ansiado y desconocido. Es un reflejo casi pictórico de los “ires y venires” y los “sube y baja” de quienes vivimos en esta turbulencia dual. No puedo negar que en ocasiones, casi todas las ocasiones, me disfruté viviendo el “bajón” y anhelando a lo lejos el “subidón”, por aquello de puntualizar las incoherencias que nos calzan.

Ángela María Valentín le hace honor a sus nombres. Lleva en su piel una naturaleza etérea que la transfiere en sus versos. A través de sus poemas podemos descubrir una mujer que aún dentro de sus infiernos, la fe llega a redimirla, a sacarla de sus pozos oscuros. No es necesario que mencione fuerza suprema alguna, es que esa presencia emerge sola, en su única unidad y se muestra pura, diáfana y luminosa.

“Protégeme
triada angelica
salud, con espada y palabra
protégeme del desastre que se avecina…”
“…roca con la qu me protejo
inocencia divina
escudo contra la inmundicia y el atropello…”

Entonces se me aparece la María madre, ese divino amor maternal reciprocado por sus redentores (sus hijas y su hijo), a los que se ha entregado en esencia y materia. 13220015_10156939874215436_670634072_nVemos como ese amor casi incomprensible, esa bendición matria que nos permite amar con la misma intensidad pero de maneras diferentes a esos seres que han salido de nuestra carne y sangre, es su altar. Es ese amor la que la mantiene viva en su vida, y a pesar sus cansancios y dolores y agonías y luchas con su existencia. Tenemos mucho que agradecerles a estos redentores, pues gracias a su presencia, nuestra poeta aún está en pie, y escribe.

Del amor eros, de ese que es carne para luego ser espíritu, (quien sabe si es al contrario), también vemos en este viaje en “Tacas”. Ese amor que a la poeta, como a tantas de las poetas malditas, parecer no serle suficiente. Ama hasta el borde de la locura, hasta el dolor. Dos vidas que no oscilan en el mismo vibrato, pero se tienen, se necesitan, se viven y si aman dentro de la compleja cotidianidad que los arroba. Es que la poeta, como todas las otras poetas que viven en su soledad, amar es un acto trasgresor, un acto de rebelión y libertad, que no siempre llega a comprender, pero le es vital.

“Y así,
en medio del misterio que nos habita,
continuamos,
manos entrelazadas,
corriendo contracorriente,
resistiendo a la furia y al embate
de esta pesada y extraña cotidianidad”

Pudiera seguir en estas tacas, podría continuar caminando en las tacas de Angela, pero prefiero vivir a su vera. Me gusta saberme cerca de esta poeta que es voz femenina y divina, diosa terrestre y terrenal, mundana. Es mi delirio reencontrarme en sus claroscuros, desnuda, demaquillada y descalza. No puedo bajarme de sus tacas sin compartir mi segundo favorito de sus poemas en este libro: Barroca. He decidido por este porque lo considero como un canto unificador, un lazo que nos hermana a muchas (a todas, tal vez) en el mismo caldero (útero) matria.

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Barroca
Me acusas de barroca
pero como no podría ser barroca una mujer
esposa, madre,
hija, hermana
amiga, poeta, música,
cantante, visionaria
maestra, curandera
amante, cocinera
y cuando hace falta
¡por qué no!
bruja también….
La magia entre mis manos,
el poder reside entre mis dedos,
ese, ese me abre paso…
Y así,
cada mañana invoco certeramente
el espíritu de las cosas más elementales
y camino paso firme y seguro
por el sendero más oscuro
que transita en medio de un bosque
creado por intrigas, decires
miradas filosas,
animales de mal
con la hiel encendida,
veneno expreso,
listo para eliminarme.
Sin embargo, ardiendo en medio de mi pecho,
brilla el aquelarre, conjuro maestro del corazón.
Su fuerza embate y deshace
aquellos deseos triplicados en el aire…
Como tizón escondido,
palpita guerrero,
sabiendo que los bloques no son simples, sino confusos
y que sólo un alma, barroca como la mía,
puede sobrevolarlos
sin salir mal herida…

Entonces hasta aquí llego sobre las tacas de Angela. Un libro (bitácora de vida) en donde la poeta corre por sus bosques mágicos, montes mitológicos y cavernas de vacíos, defasada y encontrada en ella misma. Un diario de voces y arpegios femeninos y universales. Un grito de vida en las absurdas realidades del desdén cotidiano. Treparse en sus tacas es desear cohabitar en la turbulencia idílica de su poesía.

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