#HoySeEscribe · De esas noches interminables · El Diario de una Bipolar

5 de mayo de 2008: Ellas me hablan, mientras que los reales no me miran

5demayo

Ellas me hablan, mientras que los reales no me miran

Hoy, fui a ver mi doctora, la nueva. Una mujer alta, flaca, desaliñada, fría, totalmente fría. Cuando me senté en su insensible oficina, me sentí como si estuviera en la oficina de detención de la escuela secundaria. Hizo las preguntas de rigor sin mirarme a los ojos. Se detuvo sólo para escribir y repetir las palabras que yo decía. No hizo nada más que preguntar, repetir y escribir.

En el momento que esperaba que me diera su opinión de lo que había escuchado, entiendo yo, que no era todo lo que necesitaba para dar su veredicto final, sacó su libreta de prescripciones y comenzó a escribir sin parar y sin mirar, sin respirar. Cuatro medicamentos, cada uno de ellos con unas dosis increíblemente obscenas, eran los más fuertes. También me prescribió un sinfín de pruebas que no me son desconocidas. No explicó, no habló, no miró, no me dio un viso de esperanzas. No hubo un momento de empatía, sentí el escalofrío más horrible que se puedan imaginar, no me miró en ningún momento, pero me medicó.

Cuando llego a la farmacia a dejar la receta, el caballero que me atendió, ¿a qué no saben? Tampoco me miró. Solamente se dedicó a hacer las malditas preguntas de rigor y a decirme que no podía decirme los precios de las medicinas y tampoco si mi lujoso plan médico (lujoso porque cuesta como si fuera un lujo) las cubría. Le hice preguntas a las cuales sólo decía: “cuando venga a recoger la receta, le podrá preguntar al técnico.” Parecía un autómata, sin cerebro.

Luego de tres horas de agonizante espera, el señor F llama a la farmacia para ver si ya la receta estaba lista y cuánto era el deducible. ¡Imagínense! NINGUNA DE LAS MEDICINAS LAS CUBRIA MI LUJOSO PLAN, ni siquiera los bioequivalentes.

Cuando preguntamos el monto de las medicinas, por poco infartamos. No nos podemos enfermar en Puerto Rico, mucho menos si los medicamentos son de mantenimiento.

Llamamos a las oficinas del plan para que una operadora cualquiera me dijera: “¡Uf! Y son medicinas para la locura, esto está difícil, pero es cierto, no están cubiertas por el plan. Lo siento mucho pero va a tener que hablar con su siquiatra para ver como lo resuelven.” Ella estaba al otro lado de la línea telefónica, no me miraba, pero con su comentario, yo sabía que hacía exactamente eso, no me miraba.

No sé explicar cómo me siento, esto es normal para mí ahora mismo, pues en mi condición, no puedo explicar. Pero esto que me sucedió me hace pensar lo siguiente: ¿cuántas veces tenemos que pasar por estas tensiones los pacientes de medicina conductual, comúnmente conocidos como pacientes mentales? Es triste ver como la apatía puede afectar mucho más que la misma condición.

Es cierto que los medicamentos son necesarios para la recuperación, pero, ¿qué me dicen de la medicina que no se compra, la que se supone que sea gratuita? Siquiatras que no hacen contacto visual con sus pacientes y los ven como clientes o en peor de los escenarios como un número más en sus archivos. Farmacéuticos que no se dan cuenta de que ellos son parte del tratamiento, pues deben tratar directamente con los pacientes. Operadoras de servicio que no saben que un comentario estúpido en un momento de crisis puede empeorar la situación. Una sociedad que vive enajenada de estos problemas y que aún cuando saben que existimos, no nos toman en consideración. ¡Mierda!

¿Saben qué? Mis voces siguen ahí, hablando siempre, y aún cuando no las entiendo, están ahí…

Los reales, no tienen el calor humano para mirar a los ojos y ver.

Yo soy paciente bipolar pero, ¿qué de aquel paciente de esquizofrenia que no sabe de la realidad? ¿Qué de aquel paciente de Alzheimer que vive aún más enajenado que nosotros dos juntos? ¿Qué del autista, del ODC, HDHD? ¡SOMOS GENTE QUE NECESITAMOS DE USTEDES LOS QUE SE DICEN LLAMAR NORMALES!

Y mientras tanto, sigo en fragmentos de colores, con rabia, desesperación y sobretodo inercia. Montada en la montaña rusa de mis emociones.

Normal: Aquella persona que existe en la vida, metido en una burbuja de jabón de morfina, enajenado de lo que lo rodea, pero aun así es “confiable” pues no tiene diagnosticada ninguna condición conductual, por el momento.

5 de mayo de 2008

Fragmento de: El diario de una bipolar

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