ElDiarioDeLala · Jueves de Narrativa

Silencio, aromas y vino… ¿Conciencia?

red_wine_by_floriandraSilencio, aromas y vino… ¿Conciencia?
Lala García

Ana María estaba sentada en su habitación, escuchando el silencio pasar por ella. El viento se colaba a través de las ventanas abiertas y los rayos de la luna alumbraban la penumbra de su cuarto. Mientras escuchaba el silencio extasiada, bebía poco a poco de su copa de vino tinto y más disfrutaba de su momento.

El viento le acariciaba sus rojizos rizos y le besaba el rostro. Ella, cerraba sus etéreos ojos disfrutándose su momento con ella. Había sido un día de esos de los cuales quieres terminar sin haberlo comenzado aún. Pero se encontraba por fin sola, en su habitación, en silencio.

Al llegar de la oficina del bufete, había cenado algo ligero y se dio un baño de sales aromáticas. Encendió aceites con olor a canela y manzanas. Poco a poco tallaba su cuerpo, mientras se despojaba de todo lo que le envenenaba su alma. Había sido un día terrible, pero ella sabría como borrarla, sabría como hacer de todo lo sucedido solo un mal recuerdo y una experiencia de crecimiento. Mientras enjabonaba su cuerpo, borraba cada marca, cada huella, cada dolor, cada indignación, cada deshonra.

Secaba su cuerpo y pensaba en silencio lo sucedido, como había sido capaz de hacerlo. Su cuerpo, su templo, lo había vendido por subir en el bufete. Se sentía aun sucia, mientras pasaba una y otra vez la toalla con una fuerza increíble, como queriendo arrancar la piel. Aun sentía las asquerosas manos de él, su respiración, su piel, su boca. Se sentía asqueada.

juevesSe pasaba una crema de olor por su cuerpo, tratando de opacar el olor de él. En el silencio pensaba tratándose de convencer de que el fin justifica los medios. Trataba de convencerse, con cada caricia, ya todo pasara, mañana llegarás a tu nueva posición, a una nueva oficina, a un nuevo escaño y nadie se enterara de lo sucedido.

Poco a poco, se convencía…

Peinaba su hermoso pelo rojizo con cada cepillada, arrancaba los últimos vestigios de moral y cargos de conciencia que quedaban en ella. Comenzó a pensar en el auto que podría comprar, que cambiaría toda su vestimenta, tendría amistades de mayor y mejor posición y envergadura. Podría cambiarse de piso y comprar el apartamento de sus sueños. Estaba en la cima de todo lo que soñó. Solo le costó su cuerpo. Eso sería caso olvidado en par de semanas. Ahora podría pagarle a un buen psicólogo, al mejor para olvidar este “abuso de poder” que se había proferido en su contra. Sí, eso había sido, un abuso, ella se merecía ese puesto y no lo había logrado. ¡Era su puesto, de ella!

Había luchado por el puesto por seis años. Era la que más y mejor preparación tenia para tener esa posición. Era la única mujer en el bufete. Siempre había tolerado a muchas proposiciones y había aguantado muchas bromas de muy mal gusto, solo por ser mujer. Pero era la mejor firma del país, no importaba, ella podría con eso y más. Nada la detendría, nada ni nadie. Ella obtendría su fin.

jueves1Sentada en silencio, en la claroscuridad de la noche, la luna traspasaba el ventanal, tomaba una copa de vino. Ana María, vice presidenta del bufete, la Honorable vicepresidenta.

¿Cuánto cuesta la conciencia del ser humano? ¿Mujer, cuánto cuesta tu conciencia, cuánto cuesta tu templo?

 

 

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