ElDiarioDeLala · Gracias Madre Naturaleza

¡Gracias Madre Naturaleza!: Mi primer grito, imposible olvidar

mens

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mens5miércoles 9 de diciembre de 2015
8:16 PM

Querido diario;

Dicen por ahí que los miércoles son el ombligo de la semana, otros dicen que son: “ladies nights”, pues para mi serán los días de escribir acerca de esas “situaciones” por las cuales en ocasiones grito: ¡GRACIAS MADRE NATURALEZA!”.

Hay ocasiones en la vida en las que me siento más que orgullosa de ser mujer. Cargar con mi vulva y mis tetas, es y será siempre motivo de orgullo. (Esto es hablando desde esa perspectiva tan cerrada que me dice que la vulva y las tetas me hacen mujer. Quienes hayan leído mi poema “Sin fronteras”, conocen muy bien mi idea de lo que significa ser mujer.) Pero los miércoles, me voy a permitir escribir desde este punto de vista. Espero que no me sigan borrando de las listas de la normalidad.

mens4Cuando me llegó la menstruación por vez primera, no la recibí como mis demás amigas y compañeras de escuela. Éstas parecían haber estado anhelando desde que tuvieron conciencia, la llegada del “canto del gallo”. Era algo casi enfermizo llegar un lunes a la escuela y ser interrogada por todas: ¿Te cantó ya? ¿Te llegó? ¿Ya eres señorita? Les juro que el lunes para mí era una tortura, sobre todo cuando al contestar que no, las miradas eran punzantes y en ocasiones hasta degradantes. Pero la tortura o el mal estar no me duraba mucho, a la vez que los compañeros me llamaban a jugar “kick balll”, pelota o futbol, se me olvidaba que “la madre naturaleza” parecía haberme olvidado.

Te cuento un poco de mi vida anterior a la llegada de la menstruación, a ver si me entiendes.

Siempre fui una niña muy activa. Mi madre estaba algo preocupada porque no gustaba de “las cosas comunes de las niñas”, aun cuando practicaba el baile desde muy temprano. Me podían ver trepada en los arboles más altos, corriendo patines, patineta, bicicleta, jugando con los chicos del barrio a “pillo y policía”, canicas, gallitos, trompo… era muy feliz haciendo todo esto. Usé trenzas hasta llegar a la escuela intermedia, de lo contrario esta maranta tomaba vida propia. El maquillaje, para mí era innecesario, me iba a molestar cuando comenzara a sudar por estar jugando con “los muchachos”. Poniendo a un lado la preocupación momentánea de mami, y digo momentánea porque mi abuela se encargaba de recordarle sus días de adolescente, mi vida antes de la menstruación fue paradisiaca.

mens2Al llegar a la escuela intermedia, comenzaron mis días de tortura. Las jóvenes no me querían mucho, no solo porque “no me arreglaba como ellas” sino porque los muchachos preferían mi compañía, y no por lo que pueden estar pensando, para ellos yo era “uno más de ellos”. (Esto no ha cambiado tanto.) Fue en octavo grado, exactamente un martes de diciembre, que mi vida dio un giro 180 grados. Estando yo en la sala de mi casa con tres de mis amigas, todas ya señoritas, escuchando el “último disco de Menudo”, al pararme del suelo, la mancha del estigma. Todas aplaudieron el gran suceso, menos yo. Sentía que me robaban el más valioso tesoro, la infancia. No lloré en ese momento, porque estaba rodeada de amigas y hasta mi mama hizo la fiesta normal de todas las madres al enterarse que su hija ya entro en los caminos de la femineidad. Me fui al baño y estuve más de media hora en la ducha, cuestionando al universo entero esta debacle.

Entre las cosas que más me dolieron te cuento que la que aún recuerdo como si hubiera sido ayer fue la reacción, también esperada de mi padre. Como la menor de casa, ya te imaginas lo consentida que era (mi marido dice que aún lo soy). Para mí, llegar a casa y sentarme en la falda de papi a hablar con él, a escucharlo, a ver televisión o simplemente estar, era la parte más hermosa del día. Desde ese momento, esto cambiaría por completo: “Lo siento mi amor, para mí siempre serás mi nena, pero hay ciertos días en es que es preciso que seas cuidadosa.” Fue como si me despegaran el corazón del pecho.

mens3Tengo que aclarar, mis padres siempre estuvieron algo adelantados a su tiempo, en cuanto a la crianza se refiere, pero no debemos olvidar que siguen siendo parte de la generación anterior a los “Baby boomers”. Aun así, mi madre, maestra de biología al fin, me había hablado acerca de los cambios físicos y hormonales tan pronto vio que mi cuerpo comenzaba a cambiar. Mi padre, el más libre de los dos, nunca había mostrado rasgos como el que mostro ese día tan fatídico en mi vida.

Creía yo que con lo que me había sucedido con papi se había acabado todo. Lo que había olvidado, “el gran suceso” fue presenciado por tres de las chicas en la escuela. Al otro día, al llegar al colegio, todos sabían que “el gallo me había cantado”. Entonces, las que antes me habían mirado como a un fenómeno de circo, estaban buscando de mí y hasta me habían invitado a sentarme con ellas en la guagua. Otras, se comenzaron a sentir más amenazadas, pues ahora yo también era señorita y me iban a empezar a gustar los chicos, “porque que ya yo los tenía en mi bolsillo”. Pero el trago realmente amargo, mis camaradas de juego, no volvieron a mirarme igual, ya yo había dejado de ser una de ellos, ahora yo era otra más. Ahí si fue mi primer grito: ¡GRACIAS MADRE NATURALEZA!

mens6Conté los días que faltaban para que se acabara el semestre escolar. En las vacaciones, mi madre y mis tías se encargaron de “hacer de mi” una “señorita total”. Mi primer recorte a la moda, me afeite las piernas por primera vez, comencé a usar algo de maquillaje… y lo que veía en mi espejo me gustaba. Había comenzado a hacer las paces con “mi estigma”: total iba a caminar con ella por muchos años venideros. Fueron unas semanas de cambio y transformación cruciales. Y es que por más que hablemos acerca de esto antes, por más que leamos acerca, no es sino hasta que llegamos a ese momento que comenzamos a entender lo que esto realmente acarrea.

mens7No son solo cambios hormonales y emocionales, esto es un proceso que si no se lleva bien, puede ser aún más doloroso y hasta devastador. Yo hoy tes cuento de manera casi jocosa, más te puedo asegurar que no fue nada gracioso para mí. El apoyo de mi mamá y de mi papá y la solidaridad de todas las mujeres de la familia, junto a la educación que recibí al respecto, me ayudaron en el proceso de aceptación, aun cuando me tomaron varios meses para el “acomodo”.

icecream1¿Qué sucedió cuando llegué al colegio en enero? Eso te lo contaré, querido diario, en otro miércoles de: ¡GRACIAS MADRE NATURALEZA!

Ahora, voy por un helado de fresas, porque es justo y necesario en estos días del mes.

Un beso celeste,
Lala

 

...por aquello del humor

mens1

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